Aquella noche de verano, mientras preparaba la cena para sus dos hijos, Gisela Sánchez no cesaba de pensar sobre el futuro de Nutrivida, el emprendimiento social del grupo corporativo FIFCO que ella había desarrollado y visto nacer. Los productos alimenticios emblemáticos de Nutrivida ofrecían una solución de excelente sabor y bajo costo para atender deficiencias nutricionales básicas de los costarricenses de menor ingreso, con énfasis en la población infantil. Como mamá y líder social, Gisela entendía la urgencia de asegurarle a todos estos niños, de una manera autofinanciada y sostenible, los nutrientes esenciales para un adecuado desarrollo físico y mental. No obstante, hasta ahora las cosas no habían funcionado del todo bien en Nutrivida. Quizás había llegado el momento de realizar modificaciones en su modelo de negocios, pero estos cambios pudieran resultar controversiales dentro de la corporación.