A principios de 2003, en su despacho parisino frente al Sena, Louis Schweitzer (presidente de Renault) no podía disimular su irritación frente a los miembros de su Consejo Directivo para el área del Mercosur (Mercado Común del Sur, que incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) al revisar los resultados de la implantación de la empresa en Brasil (véanse los anexos 1 y 2). Cinco años después de inaugurar la planta en el sur de Brasil, y a pesar de una entrada fulgurante en el mercado local –habían alcanzado el 5% de las ventas al final de su primer año–, no conseguían expandirse. El mercado brasileño era difícil de prever y evolucionaba de forma muy rápida, como puede comprobarse en el cuadro 1. Hasta 1990, todos los fabricantes de automóviles habían centrado sus esfuerzos sobre las gamas media y alta, dado que Brasil era uno de los países con mayores desigualdades, y los pocos intentos para captar al consumidor con una renta inferior habían fracasado. El desarrollo de un nicho de mercado de gama baja –los llamados “coches populares”– a partir de esta fecha iba a revolucionar el mercado. En 1998, este segmento alcanzó el 70% del mercado y representaba, en gran parte, el crecimiento del mercado brasileño durante este periodo.